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Estefania de Mónaco en Vogue relata su vida con tatuajes

8 diciembre 2008

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Estefanía de Mónaco siempre se le conocerá como La Princesa rebelde. Mujer libre que siempre ha hecho lo que ha querido saltándose todas las reglas de su casta y linaje. Es por ello que este mes es portada de Vogue en un especial dónde además nos hace un repaso de su vida a golpe de tatuajes.

Todo empezó hace mucho tiempo cuando fue considerada la heroína para muchas chicas juveniles cuando escapo a California bajo la profesión de cantante juvenil con tonos principescos y una movida jazzi pop. Hija de otra princesa de cuento le puso imaginación como diseñadora de bañadores. Dónde demostró que el ser necesariamente millonaria no le cortaría sus alas de libertad.

Estefania es hoy por hoy una mujer de mundo, sabe lo que cuesta ganarse la vida a base de distintos negocios, sabia coqueta, madre artista y entre otras cosas empresaria de lujo. Y todo ello lo lleva reflejado con total libertad en sus tatuajes. Para dejar constancia de un pasado desafiante al tiempo.

Jamás se me ha pasado por la cabeza borrar o hacer desaparecer ninguno de mis tatuajes,comenta. Veinte años de vida los lleva tatuados en su piel. Huellas donde han quedado reflejados sus pasiones sus locuras y sus deseos. Huellas imborrables y sobre todo son para esta princesita rebelde el símbolo de su libertad.

Hoy por hoy la Princesa, ya madura, mira hacia atrás sin ira, pero con melancolía. Sobre todo evocando los recuerdos trágicos de su juventud. Recuerda a su madre como una mujer bella enamorada como si de un cuento de princesas se tratara. De un padre recordado por su hija como el hombre del humor negro.

Estefania no se exime de sus responsabilidades oficiales
y teniendo en su hermano la figura de amigo y cómplice. No se olvida que tanto ella como sus tres hijos. Fruto de dos matrimonios fallidos. Están en la línea sucesoria de un diminuto reino cosmopolita del siglo XXI. Ahora que la reforma constitucional los hace herederos de los Grimaldi, exige para ellos el respeto que se merece tener un linaje que arrastran desde hace seis siglos.

Estefania de Mónaco quizás por ello decidió sentar la cabeza. La princesa se debe a su rango con linaje y sobre todo a sus hijos. Todo queda como una princesa de cuento rebelde tatuado en su piel. Pero en definitiva ella hizo siempre lo que quiso. Recordando unas palabras que siempre le decían sus padres. Mi madre me decía: “Sé tú misma”… “sé fiel a ti misma”».

Vía | Abc

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