13 enero 2013 Declaraciones, Televisión

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Carmen Lomana es uno de esos iconos pop que habría que mantener para saber que existe otra España distinta a la etiqueta que nos suelen poner en el extranjero. Lomana es un personaje que nunca deja indiferente. A algunos le parece odiosa, a otros adorable y a muchos simpática.

En una entrevista concedida a Vanitatis ha querido centrarse más en la persona que en la imagen que transmite y de ahí la importancia de la misma. Conoce lo que comentó sobre su vida a continuación.

Cuando vine a Madrid con mi padre, a los 17 años, tenía un novio que tocaba en la discoteca J.J, que se llamaba Julián Granados. Vine desde San Sebastián y quería ver a un grupo de amigos que tocaban. Pedí a mi padre que se viniese conmigo. Meterle a él, que era director de banco, en un sitio oscuro lleno de gente de la música, era arriesgado, pero acabó fascinado”.

La cultura fue lo que le enamoró del que fue su marido, el diseñador industrial chileno Guillermo Capdevila. “Lo conocí en un club de jazz y dejé todo este mundo ‘high class’ por estar con alguien muy comprometido políticamente, muy bohemio, prácticamente exiliado en Londres. Tenía una brillantez y una cultura que me volvió loca de amor y a los seis meses nos casamos”, nos dice sobre alguien que conoció a Salvador Allende y llegó a estar preso por la dictadura de Pinochet”.

Tras la muerte de su marido, hace catorce años, entró en una depresión y comenzó a forjar la persona que es ahora. Sobre la fama indica que “Por supuesto que hay algo de enganche en la fama. Te acostumbras a que la gente te quiera, te hable, te pida fotos, vayas por la calle y te paren… No sé cómo viviría el olvido pero supongo que bien porque lo mío me ha pillado siendo ya una mujer madura y muy vivida”. Esperamos vuestras opiniones sobre Carmen Lomana.

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